Caminaba por la calle, como un día cualquiera, pero esta vez con destino fijo, cuando me pareció que me había olvidado algo en el camino: un acompañante.
Llegué al fin, tras una agradable caminata, al lugar donde últimamente solía pasar las tardes.
Entré al local; apenas había gente, como de costumbre, y me senté en mi rincón... como de costumbre.
Pero algo rompió la costumbre antes de que pudiera pedir algo para tomar. Era un sms, de número oculto: ''Te espero en el banco frente a la cafetería de siempre. A las 6.''
Al principio me alarmé, pero en seguida supe de quién se trataba...
A las 5:59 ya estaba fuera, sólo había pasado una hora, una larga y solitaria hora desde que llegué a mi rincón.
Busqué el banco con una mirada rápida, bueno, más bien, a quién estaba sentado en él.
Y allí estaba, tan sereno como siempre, con una pose cabizbaja y desenfadada, seguramente habría llegado mucho antes de las 6, como siempre. Crucé relajada hasta toparme con él. No se levantó de su sitio, no levantó la cabeza, ni siquiera un leve saludo salió de su boca.
Me senté a su lado, le besé la mejilla delicadamente, agarré su mano más cercana y me quedé mirando al suelo junto a él.
Entonces comenzó a levantar la cabeza:
-Gracias
-No hay que darlas
-Te merecerías mil y una veces gracias
-No
-... ¿Quieres que paseemos?
-Estoy bien aquí, gracias
-No me des las gracias a mi...
-Quiero darlas
-Haces mal
-No he venido aquí para discutir
-Ni yo para quedarme de brazos cruzados
-¿Qué quieres?
-Te necesito
-¿Dinero?
-No, no pienses eso, no me quiero aprovechar de ti
-Sería la única vez...
-No me recuerdes eso
-Y ¿Por qué no?
-El pasado es pasado
-Es pasado, si tú quieres que lo sea
-Quiero que lo sea
-Deberías plantearte las cosas de otro modo
-No encuentro otro
-Búscalo, y cuando lo encuentres, me vuelves a avisar
Me levanté, soltándome de él y me marché de allí.
Sabía lo que quería pero aún no estaba dispuesta a ello...











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