
Entré por la puerta y me dí cuenta de lo que realmente era, ésta vez era distinto, pero aún así siempre lo mismo...
-María!, ya es la quinta vez esta semana, no me puedo creer esto de tí...
-Lo...lo siento
-No basta con pedir perdón, siempre igual y nunca haces nada al respecto.
-Pero...mamá...
-No hay peros que valgan! a partir de ahora llegarás cuando te diga.
-Esta bien... ¿me puedo ir ya?.
-Sí! vete... te llamaré para cenar.
-Ya he cenado
-Vete, por favor!
Mientras abandonaba el pasillo sombrío, mamá se tumbo desquiciada en el sofá. En parte era mi culpa, pero por otro lado yo no había elegido las condiciones, las noches eran mi fuerte pero también mi desgracia...











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