-¿Estás bien?-Sí. Sólo tengo un poco de frío.
-Toma.
-No, gracias. Estoy bien, de verdad.
-Cógela.
-No.
-Insisto.
-Quédatela, no la necesito.
-¿Seguro?
-Seguro.
Se produjo un silencio incómodo. De esos tan incómodos en los que nadie sabe qué decir, qué pensar ni a dónde mirar; pero desde luego, nunca a quién ha callado como él. Nunca. He ahí la estupidez humana y sus conversaciones sustanciales. He ahí dos personas que caminan con una distancia notable entre ellas, he ahí un par de tontos abarrotados de sentimientos.
-¿Tienes miedo?
-No. ¿A qué iba a tener miedo?
-A mí.
-Lo dudo.
-Yo no estaría tan seguro.
-Puede que las cosas hayan cambiado, pero tú no.
-Te equivocas.
-¿Por qué?
-Todo lo que ha pasado últimamente me ha cambiado. Ya no soy como me conocías, créeme.
-No quiero creerte.
-Entonces, vivirás engañada.
-Me atendré a las consecuencias.
-No creo que nada sea peor que el autoengaño...
-Las mentiras. Y tú mientes.
-Si lo hiciera no te estaría advirtiendo.
-¿Advertirme? Sólo quieres que me aleje de ti.
-Exacto.
-No lo haré.
-Juegas con tu seguridad.
-Es mi problema.
-Ahora se convertirá en el mío.
-No, si tú no quieres.
-No, si tú te vas.
Él la tomó en sus brazos, la besó y la llevo a casa.
Luego, desapareció.












1 comentario:
Chica que bonito se me han puesto los pelos de punta.
Publicar un comentario